
“A la hora señalada”: el descubrimiento del tiempo moderno
Gabriela Flaster, en El tiempo-mundo contemporáneo en la teoría social y la filosofía
Con el advenimiento de la modernidad se van generando cambios en diferentes órdenes de la sociedad. De este modo, podemos apreciar: una nueva organización política a través de la constitución del Estado moderno, la configuración del sistema de producción capitalista, el proceso de secularización fundado en la razón sobre la base de lo científico-técnico, el nacimiento de la figura del sujeto como fundamento de todo conocimiento, entre otras transformaciones significativas.
La modernidad, como una particular condición de la historia según sostiene el ensayista Nicolás Casullo (1), puede leerse en diferentes claves. La travesía moderna invita a acercarnos a territorios que revelan un conjunto de modificaciones propias de esta nueva época. De modo tal que resulta interesante para el abordaje de esta nueva etapa examinar las maneras de transportarse, lavarse, distraerse, alimentarse como así también, el modo de enunciar el tiempo.
En el otoño del medioevo, vemos surgir un dispositivo que marcará el inicio de una mutación en la percepción del tiempo: irrumpe en la escena el reloj mecánico. El historiador Jacques Le Goff analiza su aparición en el siglo XIV. Estos estaban ubicados en Iglesias y lugares públicos. Durante los siglos XVII, XVIII y SXIX se mantuvieron en forma simultánea con el uso de los relojes de sol.
El reloj mecánico, cuyo surgimiento se ubican la Europa medieval, se caracteriza por ser la primera máquina totalmente automática, prototipo de posteriores inventos. Su andamiaje se sustenta en un péndulo que se debe alimentar permanentemente y el cual funciona con cuerda. Su precisión se conoce hacia 1658, aparece la manecilla de los minutos .
El reloj comienza a descender desde las catedrales conociendo las paredes de ciertos hogares. Los relojes de bolsillo se generalizan en el siglo XVI.
Se advierte el pasaje del reloj como alhaja al reloj democratizado, cuyo uso se extiende al resto de las clases sociales.
Ícono de la modernidad, instrumento, que al igual que nuestras propias sombras, no se separará de nuestra cotideaneidad. Símbolo de la era que surge a fines del S.XVIII, la era industrial.
Se masifica hacia fines del S.XIX en el marco de la mecanización del trabajo en las fábricas y como resultado de los avances alcanzados por los trabajos de los relojeros norteamericanos y suizos. Irrumpe en la escena el reloj de pulsera, contemporáneo del fordismo.
(1)Véase Nicolás Casullo, Itinerarios de la modernidad, Buenos Aires, Eudeba, 2004.